14 Jan
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Droguerias J&C

Riesgos asociados al uso de medicinas fuera de fecha

Usar medicamentos fuera de su fecha de vencimiento puede implicar riesgos reales para la salud, principalmente por la pérdida de eficacia y, en algunos casos, por cambios en su estabilidad. La fecha de vencimiento indica el período en el que el fabricante garantiza que el producto mantiene su potencia, calidad y seguridad, siempre que se almacene correctamente. Cuando se supera esa fecha, no existe garantía de que el tratamiento funcione como se espera, lo cual puede agravar una enfermedad o retrasar un diagnóstico.

El riesgo más frecuente es la falta de efecto terapéutico. Si un fármaco pierde potencia, la dosis que se toma puede ser insuficiente para controlar síntomas o eliminar una infección. Esto es especialmente crítico en condiciones donde el tiempo es determinante, como crisis asmáticas, alergias severas, dolor intenso, infecciones bacterianas, problemas cardíacos o convulsiones. Una aparente mejoría parcial puede generar una falsa sensación de seguridad y llevar a posponer la consulta médica.

Otro riesgo importante es el manejo inadecuado de infecciones. En el caso de antibióticos vencidos, una potencia reducida puede contribuir a que la infección no se erradique por completo. Además de empeorar el cuadro clínico, esto favorece recaídas y puede complicar el tratamiento posterior, ya que la terapia adecuada se debe ajustar con mayor precisión y, en ocasiones, requiere medicamentos más fuertes o de mayor costo.

También se debe considerar la posible degradación química. Con el tiempo, algunos principios activos se descomponen y pueden formarse productos de degradación. En muchos medicamentos esto solo significa menos eficacia, pero en otros puede aumentar el riesgo de irritación, efectos adversos o cambios no deseados en el organismo. La probabilidad de degradación aumenta si el medicamento estuvo expuesto a calor, humedad, luz o si el envase se abrió y no se cerró bien.

Situaciones en las que el riesgo es mayor

  • Medicamentos inyectables, soluciones estériles y productos intravenosos, por riesgo de contaminación y pérdida de esterilidad.
  • Colirios y gotas óticas, especialmente si ya fueron abiertos, por posibilidad de crecimiento microbiano.
  • Insulinas y biológicos, ya que las proteínas pueden desnaturalizarse y perder actividad aun antes de notarse cambios visibles.
  • Nitroglicerina para angina, por su sensibilidad a la luz y al aire, puede perder potencia y dejar de aliviar el dolor torácico.
  • Inhaladores y aerosoles, porque cambios en el propelente o en la válvula pueden alterar la dosis administrada.
  • Antibióticos y antifúngicos, por la relevancia de alcanzar concentraciones efectivas para curar una infección.

Además, los medicamentos vencidos pueden confundir la evaluación clínica. Si una persona toma un fármaco caducado y no mejora, podría asumir que el diagnóstico es incorrecto o que su organismo “no responde”, cuando en realidad el problema es la falta de potencia del producto. Esto puede llevar a combinar medicamentos sin orientación, aumentar dosis por cuenta propia o usar remedios caseros que interfieran con el tratamiento.

Señales de advertencia que obligan a desechar el producto incluso si aún no venció incluyen cambios de color, olor extraño, presencia de partículas, separación de fases en jarabes o suspensiones, tabletas desmoronadas, cápsulas pegajosas, envases inflados o pérdida de integridad del sello. En cualquiera de estos casos, el medicamento puede estar alterado por condiciones de almacenamiento o contaminación. Si el medicamento está vencido y además muestra cambios físicos, el riesgo es todavía mayor.

El almacenamiento inadecuado acelera el deterioro, incluso antes de la fecha de vencimiento. Guardar medicamentos en baños o cocinas, donde hay humedad y variaciones de temperatura, puede reducir su estabilidad. Exponerlos al sol, dejarlos en el automóvil o no respetar la cadena de frío en productos refrigerados incrementa la degradación. Por eso, no basta con revisar la fecha, también importa cómo se conservó el producto.

Qué hacer si se encuentra un medicamento vencido en casa

  • Verifique la fecha de vencimiento en el envase externo y en el blíster o frasco, y confirme que sea el mismo producto y concentración.
  • No lo use para “no desperdiciar”, especialmente si es para niños, adultos mayores, embarazadas o personas con enfermedades crónicas.
  • Consulte con un profesional de salud o con su farmacia de confianza para reemplazarlo por una opción vigente y adecuada.
  • Si el medicamento era para una condición importante, no retrase la atención médica, busque una alternativa segura de inmediato.

Eliminación segura es clave para evitar intoxicaciones accidentales, en particular en niños y mascotas. Mantenga los medicamentos fuera de su alcance y no los deje en bolsas abiertas. Cuando sea posible, utilice programas de recolección de medicamentos o puntos autorizados. Si no existen en su zona, se recomienda inutilizarlos antes de desecharlos, por ejemplo, mezclándolos con material no apetecible como café usado o arena para gatos, colocarlos en una bolsa cerrada y desecharlos según la normativa local. Evite arrojarlos al inodoro o al desagüe, ya que pueden contaminar el agua.

En tratamientos de uso frecuente, una medida preventiva es organizar el botiquín: revisar fechas cada tres meses, rotar productos colocando delante los que vencen primero, anotar la fecha de apertura en frascos y colirios, y conservarlos con su prospecto. También ayuda comprar tamaños adecuados a la duración prevista del tratamiento, evitando sobrantes que terminan venciendo. No comparta medicamentos, ya que un producto vencido o inadecuado para otra persona puede causar daño.

En resumen, el uso de medicinas fuera de fecha se asocia principalmente con pérdida de eficacia, empeoramiento de enfermedades por falta de control, complicaciones en infecciones y riesgos adicionales por degradación o contaminación. La decisión más segura es no utilizarlos, reemplazarlos por productos vigentes y mantener hábitos de almacenamiento y revisión que reduzcan la posibilidad de quedarse sin un medicamento efectivo cuando más se necesita.

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